Y no es un gato, es un periquito. Pues nada, que para una vez que tengo una mascota que me encargo de cuidar (todos sabemos que cuando somos niños el marrón va a nuestros padres), va y casi la espicha. Bueno, puede que muera... por desgracia, es más que posible que lo haga.
Y lo peor es que lo súlimos tres meses no he estado, y que por desconocimiento me tomaba a broma el hecho de que no cantara (ahora resulta que era para ahorrar fuerzas y no atraer depredadores).
No pongo ninguna foto suya no vaya a ser que se asuste o le dé un patatús. Sí, el pobre Missi II está muy pero que muy débil. Y menos mal que convencí a mis padres para que me dejaran llevarlo al veterinario (bueno, veterinaria)... la mujer ha visto al pájaro y vamos, que me dice que suerte si sale de ésta.
Así que espero que te recuperes bien, periquito, y vuelvas a cantar, aunque sea sólo al sonid del ruido de la cafetera.
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viernes, 4 de enero de 2008
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